Ofrecer a los huéspedes el mejor servicio es el empeño que todo hotelero Best Western vive con activa participación: uniformar el servicio hacia lo alto significa, de hecho, consolidar una imagen unitaria de eficacia, calidad y cortesía. También porque el control de calidad tiene como objetivo mejorar no solamente el nivel de limpieza y mantenimiento de las estructuras, sino sobretodo el contenido de los servicios ofrecidos por cada hotel y la atención que se pone a la hora de satisfacer las exigencias del cliente.
Cada estructura debe estar dotada de estándares mínimos que garanticen la satisfacción de las diferentes exigencias del cliente.
Para el descanso, el relax, por ejemplo, se requiere la insonorización de la habitación, el oscurecimiento total, un televisor y por lo menos un canal musical.
Para el trabajo, se requiere un escritorio, una silla, un punto luminoso, un acceso a Internet con teclado y pantalla o una toma módem o un sistema WI-FI.
Para la información y la seguridad se necesitan: telediarios en inglés, una guía de los servicios ofrecidos con las instrucciones en caso de emergencia, puertas con doble cerradura y posiblemente llave electrónica.
También son necesarios algunos elementos, que se añaden a los esenciales como, por ejemplo: espejo entero, doble papelera, papel con membrete y sobres, bloc de notas y bolígrafo, servicio té/café, reloj en la habitación, champú en frasco (no bolsitas), artículos de cortesía adicionales, secador de pelo y gancho para colgar ropa en el baño, además de la disponibilidad de habitaciones para no fumadores.
El “Quality Control”, imparcial y homogéneo, es un tipo de “garantía”, realizado para mejorar juntos el servicio ofrecido a los clientes. Por otro lado, las estadísticas hablan claro: ¡quien prueba Best Western regresa de nuevo!